Roberto Augusto

sábado 25 de febrero de 2012

Entrevista en Radio Rubí



El próximo miércoles día 29 me entrevistarán en Radio Rubí a las 10:05 de la mañana en el programa La Vida Continua. Hablaré de la próxima publicación de El nacionalismo ¡vaya timo! La entrevista se puede escuchar a través de Internet en el siguiente ENLACE.


viernes 24 de febrero de 2012

La falsedad del hecho diferencial nacionalista



Una idea defendida por muchos seguidores del nacionalismo en España es que existen unas autonomías auténticas (Cataluña, el País Vasco y Galicia), en realidad «naciones», frente a unas autonomías artificiales creadas durante la Transición, pero que no responden a una realidad «nacional» verdadera. En este sentido se expresa Montserrat Guibernau cuando afirma que los impulsores de la Constitución «decidieron establecer un modelo que preveía la creación de diecisiete comunidades autónomas, unas cuantas de ellas distintas históricamente y culturalmente ―Cataluña, el País Vasco y Galicia―, y otras creadas de manera artificial en las cuales no había existido nunca ningún sentimiento de identidad diferenciada, como son, entre otras, las comunidades de La Rioja y la de Madrid» (Nacionalisme. Debats i dilemes per a un nou mil·lenni [2000], pág. 151, la traducción del catalán al castellano es mía).


Considero esta opinión equivocada. La actual división en comunidades autónomas no fue fruto de un invento o una ocurrencia de última hora de los redactores de la Constitución española, sino que responde a realidades históricas que se remontan a los antiguos reinos hispánicos y a la división territorial de España promulgada durante la Regencia de María Cristina de Borbón en 1833. Muchas de esas comunidades consideradas artificiales existen gracias a reivindicaciones de carácter regionalista con gran implantación social en comunidades donde el nacionalismo es débil (como en el caso de Andalucía, que accedió a la autonomía a través de la «vía rápida» que prevé el artículo 151 de la Constitución).


         ¿Qué diferencias hay entre Extremadura y el País Vasco? Se podría alegar que la existencia de una lengua propia distinta del castellano. Pero esto igualmente sucede en la Comunidad Valenciana o en Baleares, donde los que afirman que estas autonomías son una «nación» son una minoría. Además, los extremeños también tienen una lengua propia (expresión usada por los nacionalistas y que carece de sentido), que es el español. Otros podrían intentar fundamentar este presunto hecho diferencial en la historia, algo que me parece absurdo, ya que todas las comunidades autónomas tienen su propia historia y existen como entidades políticas desde hace cientos de años. Navarra puede ser un buen ejemplo de ello. ¿Cuál es, pues, la diferencia que existe entre Cataluña, el País Vasco y las demás autonomías? La respuesta, a mi juicio, es clara: el nacionalismo. La presencia más fuerte de esta ideología. Todas las presuntas pruebas de su «hecho diferencial» son creadas por los seguidores de la doctrina nacionalista para justificar su propio discurso.

sábado 18 de febrero de 2012

Hoja informativa del libro



Aquí tenéis la hoja informativa del libro. Quien quiera puede ponerla en otras webs o difundirla a través de las redes sociales. El libro estará en las librerías en unas tres semanas.

viernes 17 de febrero de 2012

El Dios de los nacionalistas


La «nación» no es para el nacionalista el conjunto de personas que la integran, sino que es una realidad que trasciende la individualidad de sus miembros. Ésta tiene una sustancia autónoma al margen de los sujetos que forman parte de ella, una existencia que hunde sus raíces en un pasado mitificado y que pretende extenderse en el futuro indefinidamente.
El nacionalismo es también una forma de enfrentarse a la trascendencia, al miedo a la muerte, a la soledad que nos atenaza, a la búsqueda de un sentido en la existencia humana. Nos permite comprender nuestro lugar en el mundo. La «nación» es el Dios de los nacionalistas. La comunidad trasciende al sujeto y mientras ésta exista todos aquellos que han formado parte de ella, de algún modo, continuarán existiendo. Por eso la «nación» es un legado valioso que debe ser trasmitido a las nuevas generaciones. Asumiendo esta ideología el mundo se convierte en un lugar perfectamente ordenado, dividido en comunidades naturales dedicadas al cultivo excluyente de su identidad sacralizada.
El pensar que la nación trasciende a cada uno de sus miembros es una idea muy peligrosa. Cuando el ser humano deja de ocupar el centro de cualquier ideología, cuando las ideas no están al servicio de las personas y las personas pasan a estar al servicio de las ideas, entonces es cuando surge la posibilidad del totalitarismo. Si una idea, sea ésta la que sea, se convierte en tan importante que llega a ocupar el centro de nuestro pensamiento desplazando cualquier otra consideración, entonces hemos iniciado un camino de imprevisibles consecuencias. El ser humano se convierte en el instrumento de una idea que él mismo ha creado. Ha encontrado un sentido a su vida deshumanizándose.

lunes 13 de febrero de 2012

Definición del nacionalismo



Varios usuarios de este blog se han quejado en sus comentarios, seguramente con razón, de que no defino el nacionalismo del que hablo. No me ha parecido necesario hacerlo porque esto queda perfectamente claro en el libro. Sin embargo, para evitar posibles confusiones voy a dar una definición, parcial y provisional, que debe ser completada con la lectura del ensayo cuando se publique. Lo que critico en este blog no es el sentimiento de sentirse español, peruano o canadiense, sino la ideología que toma como base esos sentimientos y construye un discurso político basado en la idea de identidad.
Nacionalismo: doctrina política que se fundamenta en una determinada interpretación del concepto de nación. Ésta es entendida como una combinación de elementos subjetivos (voluntad, identidad, etc.) y elementos objetivos (lengua, religión, etc.). Los distintos nacionalismos ponen el acento en uno o en varios de estos rasgos. Por ejemplo, el nacionalismo catalán es básicamente lingüístico. Los nacionalistas sostienen que la humanidad está dividida de manera “natural” en naciones, y que éstas son el verdadero sujeto político, por encima del Estado. Suelen considerar, además, que a cada “nación” entendida a su manera le debe corresponder un Estado. Piensan también que la mayoría (o todos) somos nacionalistas en mayor o menor grado.

viernes 10 de febrero de 2012

La educación nacional de Fichte: un proyecto adoctrinador


1. Introducción

         Los Discursos a la nación alemana (1808) es uno de los textos fundamentales para comprender el nacionalismo moderno. Muchas de las ideas nacionalistas defendidas hoy en día por multitud de movimientos de este tipo a lo largo y ancho del mundo tienen su origen en este autor. Fichte cree en la existencia de naciones naturales. Y lo que establece las fronteras entre los distintos pueblos es, básicamente, la lengua, elemento central que permite crear una comunidad dotada de una identidad propia. Este filósofo defiende, además, la subordinación del individuo al todo que representa el Volkgeist, el espíritu del pueblo donde el yo individual cobra sentido.
         Otro aspecto que debemos tener en cuenta para comprender este proyecto educativo nacionalista son los dramáticos acontecimientos históricos vividos por Alemania en la época en la que se redactan estos Discursos. Nos encontramos con un país invadido por las tropas napoleónicas, postrado de rodillas frente al poderoso ejército francés y anímicamente hundido. La propuesta educativa de Fichte persigue, por tanto, una finalidad política: devolver la dignidad perdida a los alemanes y construir una nueva sociedad donde el patriotismo ocupe un lugar central dentro de su escala de valores. 

2. Exposición de la educación nacional fichteana

Fichte cree que para que la nación alemana salga de su penosa situación es necesario desarrollar una verdadera educación nacional. Esta nueva educación (en adelante NE) buscará crear una voluntad firme, inculcar el amor a lo bueno en sí y no únicamente por la utilidad que nos pueda reportar. La NE desarrollará la capacidad intelectual de los jóvenes para que puedan reflexionar por sí mismos y conocer las leyes por las que se rigen las cosas. No perseguirá una formación histórica, sino desarrollar una capacidad superior y filosófica. Se debe estimular también el placer que sienten los estudiantes al aprender. Este filósofo piensa que la vieja educación se basaba en una concepción pasiva memorística donde el conocimiento se presentaba al servicio del interés material. En cambio, el desarrollo de la actividad espiritual que él propone prepara y favorece la formación ética.
Otro aspecto de esta NE, bastante chocante para una mentalidad contemporánea, es que propone que los niños vivan en sociedad, pero separados de los adultos, en una comunidad aparte dotada de su propia ley penal y Constitución. Esto persigue protegerlos de la corrupción de los adultos.
La primera parte de la NE defendida por Fichte consiste en iniciar a los niños en la clarificación de sus sensaciones e intuiciones, acompañando este proceso de una formación física del cuerpo. La segunda se centrará en la educación cívica y religiosa. Una vez superadas estas dos etapas el alumno puede abandonar la escuela. Antes el mundo de los sentidos era lo primero que se conocía, pero Fichte quiere invertir este orden y mostrar que el mundo realmente existente es el que se percibe con el acto de pensar. Esta educación espiritual será, según este autor, la que permitirá a los alemanes comprender que la patria es la portadora de la eternidad en la vida terrenal, lo que fortalecerá el amor a la nación alemana, objetivo principal de estos discursos.
Para conseguir sus propósitos educativos Fichte afirma que se deben seguir los principios educativos de Pestalozzi, en cuya obra cree ver los rasgos fundamentales del espíritu alemán. Sus teorías sirven para desarrollar una educación nacional en vez de una educación popular, una educación que elimine las diferencias entre el pueblo y las clases cultas. A diferencia de lo que piensa este pedagogo, Fichte sostiene que el objetivo básico de la educación primaria no debe ser saber leer y escribir, sino una educación nacional. Únicamente después de ésta debe iniciarse el aprendizaje de la lectura y la escritura. Otro aspecto central de la NE, que antes he señalado, es que los hijos deben separarse de los padres. Esto es especialmente importante en las clases trabajadoras, para evitar que un ambiente mezquino, y la angustia por conseguir el sustento diario, entorpezcan su educación. Solamente después de una generación entera se podrá confiar una parte de la educación nacional al hogar. El autor de estos discursos también discrepa de Pestalozzi cuando éste afirma que lo primero que debe conocer el niño es su propio cuerpo. El fundamento de la enseñanza debe ser un ABC de las sensaciones, para que a través de ellas perciba su propio yo, lo que le proporciona una visión espiritual de la vida. En cambio, Fichte sí coincide con el suizo en señalar que la habilidad corporal debe desarrollarse a la vez que la espiritual: es necesaria también una educación del cuerpo.
En la Europa moderna la educación dependía de la Iglesia, que pretendía conseguir principalmente la salvación del alma. La Reforma unió el poder de la Iglesia con el poder terrenal, pero la educación pública siguió buscando solamente evitar la condenación eterna. Las clases pudientes, en cambio, tenían una educación privada. La formación erudita se pensaba exclusivamente para clérigos. Y los gobernantes decían que el Estado no tenía dinero para estos fines, lo que provocó, según Fichte, que la educación del pueblo estuviera desatendida.
Con esta NE no se necesitaría ningún ejército especial porque cada individuo sería un gran soldado. La economía alcanzaría una prosperidad nunca vista. Se reduciría el gasto policial y judicial, y se eliminaría la pobreza. Si el invasor, es decir, el ejército francés dirigido por Napoleón, elabora la Constitución y las leyes la única posibilidad de salvación que le queda a la nación es educar a sus descendientes: ésta es la solución a los males que oprimen a Alemania. Según Fichte, ya que el presente no les pertenece, deben centrarse en la esperanza de un futuro mejor.
Pero el autor de estos discursos es consciente de que para generalizar esta NE es necesario el Estado. Sabe también que los padres se resistirán a separarse de sus hijos tanto tiempo. Pero incluso así considera que el Estado tiene derecho a obligar a los menores a su salvación: si se obliga a ir a la guerra se puede obligar a educar a los niños. Además, esta obligación únicamente duraría una generación y haría innecesario el servicio militar obligatorio, porque todos estarían dispuestos a luchar por su patria. Fichte cree que se opondrán a esta medida solo un pequeño grupo de padres.
Esta NE debe implantarse en todos los Estados alemanes e impartirse en alemán. Debemos tener muy presente la importancia de la lengua en el pensamiento nacionalista de Fichte. Una de las tesis más polémicas defendidas en los Discursos a la nación alemana es la existencia de lenguas vivas y lenguas muertas. Entre las primeras estarían el griego clásico y el alemán. Las segundas serían las lenguas románicas y los demás idiomas germánicos. Esta presunta superioridad lingüística, justificada por el hecho de que el alemán ha sufrido una evolución interna propia sin la perniciosa influencia extranjera, es un elemento central en el discurso fichteano dirigido a justificar la superioridad alemana sobre los pueblos latinos y sobre las demás naciones germánicas corrompidas por su contacto con «el extranjero», el único culpable de todos los males de Alemania.
Si se implantase este plan educativo, según Fichte, en veinticinco años habría una especie nueva de ser humano. Pero si el Estado no se decide a impulsar esta NE entonces deben hacerlo personas particulares: en el campo los grandes terratenientes (que pueden educar a los hijos de sus servidores) y en las ciudades asociaciones voluntarias de ciudadanos. Los eruditos también pueden ayudar dedicando una parte de su tiempo a enseñar siguiendo los principios de esta educación, lo que les proporcionaría un gran conocimiento del ser humano. Aunque este filósofo es consciente de que sin la ayuda del Estado esta reforma educativa avanzará muy lentamente.

3. Conclusiones: contra el proyecto educativo adoctrinador fichteano

         A Fichte no le importa realmente la educación de los niños alemanes, lo único que le interesa es Alemania entendida como una entidad metafísica dotada de una sustancia superior a la de los individuos particulares. No es importante que los alumnos aprendan lengua, matemáticas o historia. Lo relevante es que comprendan que la patria es la portadora de la eternidad en la vida terrenal. La persona es para este autor un objeto secundario. El verdadero sujeto es la nación, el todo donde cada una de sus partes solo tiene sentido dentro del colectivo. La educación debe buscar el pleno y armónico desarrollo de las potencialidades de cada persona persiguiendo el bienestar del individuo y de la sociedad en su conjunto. El adoctrinamiento, en cambio, persigue que el individuo siga de manera ciega unas determinadas ideas que no pueden ser cuestionadas, sino únicamente asumidas. Debemos, por lo tanto, rechazar totalmente este proyecto educativo. El pensador alemán no pretende crear personas capaces de tener una actitud crítica con el mundo que les rodea, sino fanáticos al servicio de aquellos que se consideran portavoces de la nación alemana. Desgraciadamente muchos otros nacionalismos han seguido el camino marcado por Fichte.